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Director del Servicio de Radioncología del Instituto Oncológico Teknon, considera que la base del éxito está en la calidad de la máquina y en una buena comunicación con los pacientes

Dar con nuevas fórmulas para luchar con el cáncer es una de las mayores ambiciones de los investigadores. Pero no sólo eso, sino también es importante que las terapias que existen hoy sean cada vez más efectivas. Es en esto en lo que trabaja el doctor Raimon Miralbell, especialista en radioterapia oncológica.

–¿Podría explicar cómo funciona esta técnica?

–Es el segundo tratamiento curativo contra el cáncer después de la cirugía, ya sea sola o asociada. Se calcula que en la vida de un paciente con tumor, el 60% de ellos recibirá radioterapia. Normalmente, en el 75% de los casos es con finalidad curativa y en un 25% es paliativa. Gracias a la tecnología de la imagen, pacientes metastásicos que antes eran incurables, hoy día se pueden curar. Un paciente con cuatro metástasis no es lo mismo que uno que 40, porque en el primer caso la biología del tumor es mucho menos agresiva y si uno los puede ver gracias a la tecnología –imagen molecular– puedes irradiar con estas máquinas tan focalizadas y eliminarlo. Además son tratamientos no invasivos y das dos o tres sesiones, no hay que dar muchas. Además, otra cosa que se sabe gracias a la tecnología es que dando megadosis a un tumor, las células tumorales quedan «reventadas» con las moléculas del interior expuestas, lo que desencadena una producción de anticuerpos, contra las células tumorales. Estos anticuerpos que tienen memoria, circulan por el cuerpo y como buenos «soldados», si encuentran una célula tumoral la eliminan.

–¿Para qué tipo de pacientes está indicada?

–Depende de los tumores, por eso hoy en día es básico hacer los comités de tumores multidisciplinarios, donde se discute la estrategia a seguir. La radio interviene en casi todos los tratamientos adyuvantes; con finalidad curativa (sin cirugía) asociada o no a la quimioterapia o medicamentos diana. Está indicada en el cáncer del canal anal, de próstata, de laringe, algunos tumores cerebrales, pulmonares y tumores ginecológicos. En la decisión sobre si conviene hacer o no radioterapia influye el estadio de la enfermedad, en función de si es un tumor localmente avanzado, que no tenga metástasis; también hay que tener en cuenta qué tratamiento tiene menos efectos secundarios; el estado del paciente, la edad, que no tenga otras patologías… En cuanto a los tumores con metástasis, los dividimos en dos tipos: oligometastásicos –pocas metástasis– o multimetastásico, con muchas metástasis. Estos últimos entran en un tratamiento general; cuando son oligometastásicos, si son hasta cuatro lesiones, se pueden tratar con finalidad curativa, también asociada a quimioterapia, tratamientos diana, o inmunoterapia.

–¿En qué consiste exactamente?

–Son radiaciones, ondas. Según la frecuencia o rapidez de la onda y su longitud; cuanto más pequeña más rápida y por ello más energética. Hay un momento en que las radiaciones son tan energéticas –van muy rápidas– que pueden romper las moléculas (ionizantes). Y éste es el daño que hace la radiación: si es capaz de romper los dos brazos del ADN se produce su separación física y ya no se puede reparar. Esto hace que la célula muera. Las células sanas tienen una capacidad de recuperación increíble, se pueden reparar; pero las tumorales carecen de los mecanismos de reparación necesarios para sobrevivir.

–¿Sólo se puede radiar una vez en la misma zona?

–Efectivamente, pero hay estudios muy importantes de rescate con una rerradiación cuando la enfermedad reaparece localmente muchos años después, por ejemplo 10 años, del primer tratamiento. Si no, también hay alternativas, como calentar el tumor a 40-44 grados, e irradiar con dosis bajas, tolerables para los tejidos sanos.

–¿Por qué es tan temida la radioterapia?

–La quimio es un medicamento y estamos educados para tomar pastillas cuando estamos enfermos. Sin embargo, la radio es algo que no ves. Sabes que tendrás unos efectos secundarios sin ver lo que te ocurre. Por eso es muy importante la comunicación. La radioterapia es un tratamiento no invasivo porque podemos dejar márgenes de seguridad muy estrechos alrededor de las lesiones y seguir el movimiento de los órganos, y por ende del tumor, durante cada sesión, para adaptar el campo de tratamiento a la irradiación exclusiva del tumor. En 30 o 40 años la radioterapia ha hecho un cambio brutal. Era un tratamiento que quemaba, que estaba asociado a una serie de efectos secundarios terribles y muchas veces, como la enfermedad se diagnosticaba tarde, solo tenía una función paliativa. Se relacionaba la radioterapia con la muerte porque se administraba al final de la vida de los pacientes. Hoy la situación ha cambiado mucho. Es un tratamiento que se considera no invasivo. Cuando hay que «quemar», porque las lesiones son superficiales, se hace, pero sabemos que con las medidas de control que tenemos hoy, existen tratamientos locales para mejorar estos síntomas, que tras unas semanas desaparecen.

–Entonces, ¿no hay que temer tanto los efectos secundarios?

–En el cáncer de mama, gracias a la radioterapia se pudo evitar la amputación sistemática de las mamas enfermas a partir de los años 80. Si no hubiera sido por la radioterapia no habrían podido salvar el pecho. Ofrece una serie de ventajas que hace 30 años no existían.

–¿De qué depende la efectividad de la radioterapia?

–De la tecnología. Es decir de tener las mejores máquinas; la imagen, tanto diagnóstica como la que utilizamos después para planificación; los controles de tratamiento; un servicio físico-médico de nivel y los técnicos que manejan la máquina. Si falla un eslabón de éstos no sirve de nada. Además, en radioterapia lo que marca la diferencia son los estrictos controles de calidad. Pese a todo, el 30% de los tumores vuelven a salir y aún no sabemos la razón. Se sabe que en las zonas que están mal oxigenadas, donde las células se quedan paradas y ya no se dividen –lo ideal para que los tumores respondan es cuando se dividen las células–, este tratamiento es menos eficaz. Por eso, gracias a la imagen, cuando se detectan estas zonas, se dan más dosis.

–¿El mayor avance se ha dado en la precisión de los tratamientos?

–Poder ser más precisos gracias a la tecnología y el sistema de reposición robótica. También ha mejorado la imagen que nos permite ver el tumor antes y durante el tratamiento. Si miramos la supervivencia de las personas tratadas entre 2010 y 2015 y la comparamos con la de las personas tratadas en los años 70 hay un aumento de la supervivencia de un 1% por año. Diagnósticos más precoces, mejor imagen, calidad de tratamientos más eficientes… tenemos toda una serie de situaciones que nos permiten ser mucho más eficaces y menos tóxicos.

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