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Carmen Miranda, supervisora de Radioterapia Oncológica del HUCA, se jubila hoy tras 47 años de trabajo.

Carmen entró en el antiguo Hospital Central con unos precocísimos 15 años. Le faltaban apenas 12 días para cumplir los 16 y, gracias a sus buenas notas y a que había cursado el bachillerato superior, pudo ingresar en la Escuela de Enfermería de Oviedo y formarse en el Hospital General de la Diputación, que por aquel entonces ni era vetusto ni tampoco un edificio víctima de la aluminosis, sino «todo un potencial» de la medicina asturiana. Eso sí, un potencial pero con habitaciones de hasta doce camas regentadas por monjas, «que tenían un carácter que no veas». Carmen Miranda (Oviedo, 1951) es una de las más veteranas del HUCA y todo un referente en el hospital asturiano. Sobre todo entre los pacientes por los que siempre «se ha partido el cobre. Se enfrentaba a quien fuera: médicos, jefes, gerentes, directores», relata un compañero. A día de hoy, muchos enfermos a los que ella atendió la llaman por teléfono a casa o pasan por el hospital «para contarle años después cómo van».

Con su jubilación, hoy mismo, Carmen pone fin a 47 años de trabajo, la mayoría en el viejo complejo de El Cristo, «al que echo muchísimo de menos», dice. Esta histórica y orgullosa vecina de San Claudio, es la SUPERVISORA, así, con mayúsculas, del servicio de Radioterapia Oncológica del Hospital Universitario Central de Asturias, un cargo que ha desempeñado durante los últimos 27 años y del que asegura se marchará con «dolor de corazón, ya que dejo aquí muchos amigos». En el HUCA, «todos la conocen. Es vital, alegre, cercana, pero también enérgica cuando hace falta», relatan.

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